- Por: Dra. Marysol García Pérez, Investigadora de Tiempo Completo de la Universidad La Salle Bajío.
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, conmemorado cada 11 de febrero, surge en un contexto global marcado por la persistente desigualdad de género en las ciencias, particularmente en las ciencias exactas, ingenierías y tecnologías (conocidas como áreas STEM), aun cuando hay un aumento general de la escolarización femenina.
Diversos informes internacionales han documentado que la baja participación de mujeres en estos campos no responde a diferencias de capacidad, sino a barreras estructurales, culturales e institucionales que aparecen desde etapas tempranas de la educación y se intensifican a lo largo de la carrera científica (UNESCO, 2017; UNESCO, 2023). En este contexto, en 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó oficialmente esta conmemoración como una fecha destinada a promover el acceso pleno y equitativo de mujeres y niñas en la ciencia, así como a visibilizar su contribución al desarrollo científico y tecnológico.
Actualmente, los datos permiten dimensionar tanto los avances como los retos pendientes. A nivel global, alrededor del 33 % de las personas dedicadas a la investigación científica son mujeres en todas las áreas del conocimiento. En nuestro país, el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) reporta que cerca del 40 % de sus integrantes son mujeres. Asimismo, destaca que, entre 2018 y 2024, el número de investigadoras registró un crecimiento significativo.
Sin embargo, este avance no se refleja de manera homogénea en todas las disciplinas, pues en las áreas de ciencias exactas como ingeniería, computación, física y matemáticas, la participación femenina aún es considerablemente menor. La UNESCO reporta, por ejemplo, que solo el 22 % de quienes trabajan en temas de Inteligencia Artificial (IA) son mujeres y que su presencia en áreas como el desarrollo de software ronda cerca del 6 %. Este patrón, observado desde hace al menos una década, muestra que la participación femenina continúa concentrándose principalmente en las ciencias de la vida y la salud.
Frente a estas cifras, resulta fundamental visibilizar las trayectorias de mujeres que han contribuido de manera decisiva a las ciencias exactas en México, tal como la Dra. Silvia Torres Castilleja, pionera de la astronomía nacional, quien fue la primera mexicana en doctorarse en esta disciplina y desempeñó un papel clave en el fortalecimiento institucional de la astrofísica en el país.
Por su parte, la Dra. Ana María Cetto combinó la investigación en física teórica con un destacado liderazgo internacional, con lo que demostró que la ciencia también se construye desde la diplomacia y la política científica. Y cómo olvidar a la Dra. Julieta Fierro Gossman, quien fue fundamental para llevar la astronomía y las matemáticas al público general, inspirando a generaciones de niñas y jóvenes.
En este mismo ámbito de la comunicación científica, la investigadora Alejandra Jáidar fue la primera física mexicana y sentó las bases de la divulgación científica moderna en México.
Mientras que la química Rosalinda Contreras Theurel ha contribuido de forma sostenida a fortalecer la educación y la cultura científica.
En matemáticas, científicas como Graciela Salicrup han impulsado el desarrollo de la estadística y la formación académica especializada; en computación, investigadoras como Patricia Melin han fortalecido la transferencia de la IA a problemas reales de ingeniería. En conjunto, estas trayectorias evidencian que el talento femenino ha estado siempre presente en las ciencias exactas en México; el reto actual es lograr que estas historias se conviertan en una realidad cada vez más visible y común.
De acuerdo con la Dra. Fierro Gossman: “Necesitamos las condiciones para que las mujeres puedan ser científicas. ¿Son necesarias? ¡Por supuesto! Necesitamos mujeres en la ciencia, pero para ello es indispensable cambiar las condiciones sociales que les
permitan desarrollarse como investigadoras. Tenemos que lograrlo”.
Sin duda, el camino hacia la equidad en las ciencias exactas es largo, pero es un trayecto que ya hemos comenzado a recorrer. En estas áreas del conocimiento, donde históricamente la participación femenina ha sido menor, iniciativas y conmemoraciones como el 11 de febrero resultan fundamentales para visibilizar avances y desafíos pendientes.
Dar a conocer el trabajo de mujeres científicas en nuestro país es una fuente de inspiración para las nuevas generaciones. Es posible que muchas de nosotras hayamos enfrentado tropiezos en nuestro camino en la investigación, particularmente relacionados con brechas de género; sin embargo, también es nuestra responsabilidad transformar esas experiencias en un impulso para que las generaciones futuras encuentren menos barreras estructurales y culturales.
A las niñas y jóvenes de hoy es importante decirles que las ciencias exactas también son para las mujeres, que existen oportunidades de desarrollo en estos campos del conocimiento y que su participación es necesaria para construir una ciencia más diversa, justa y representativa.
Referencias
- UNESCO. (2017). Cracking the code: Girls’ and women’s education in science, technology, engineering and mathematics (STEM).
- UNESCO Publishing. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000253479
- UNESCO. (2023). Women in science. https://www.unesco.org/en/articles/women-science

